Escritura poderosa: En el camino de saborear las palabras

Escritura poderosa: En el camino de saborear las palabras

Paola A. Cardona Tobón, nuestra amiga y Comunicadora social-periodista, además Magíster en Creación Literaria, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona,  con 15 años de experiencia en periodismo de la casa editorial El Colombiano, es nuestra invitada de hoy con su artículo sobre la Escritura Poderosa.

Cuando asisto a una conferencia  de un escritor, me gusta mirar los rostros de la gente que acude. Están sentados a unos metros del autor y, a pesar de que no hay una gran proximidad física, veo cómo se conectan con él. Le sonríen, asienten a sus palabras, experimentan la felicidad de conocer a ese hombre o a esa mujer que estuvieron leyendo por semanas, meses o años.

En la Feria del Libro de Bogotá, que acaba de terminar, Svetlana Alexiévich, la nobel de Literatura del año pasado, logró que muchos sintieran un nudo en la garganta cuando recordaba los horrores de la guerra o las secuelas de Chernóbil. Contó, precisamente, sobre el primer capítulo de su libro Voces de Chernóbil, en el que la esposa de uno de los bomberos, expuesto al accidente nuclear, narraba cómo fue cuidarlo y amarlo hasta sus últimos días, tal cual como se lo devolvió el desastre, en despojos.

Mientras ella movía sus manos y se las pasaba por el cuello, como tratando evitar que su voz se cortara, ese público, que no entendía su idioma, escuchando a la traductora por unos audífonos, la observaba casi sin parpadear, estremecido, sin aliento. “El horror siempre es vecino de la belleza. La belleza y la muerte van de la mano… El amor y la muerte”. Hubo un silencio; luego, aplausos. Y los ojos que la miraban se distorsionaron un poco por el agua que empezó a llenarlos.

La mayoría de personas que estaban allí tenían a la mano uno de sus libros. Como cuando se consulta un oráculo, abrí el que yo llevaba, La guerra no tiene rostro de mujer, en cualquier página: “¿Y la historia? Está allí, fuera, entre la multitud. Creo que en cada uno de nosotros hay un pedacito de historia. Uno posee media página; otro, dos o tres. Juntos escribimos el libro del tiempo. Cada uno cuenta a gritos su propia verdad. La pesadilla de los matices. Es preciso oírlo todo y diluirse en todo, transformarse en todo esto. Y al mismo tiempo no perderse”.

¡Ese fragmento me dijo tanto! Sus palabras tenían todo el sentido. La escritora había tocado cada corazón del auditorio y transformado  algo en cada ser que ha leído las páginas de sus libros. Pasa con ella, que es una grande de las letras; pasa cuando los periodistas publican sus crónicas y nos relatan un país que transita entre las alegrías y los momentos dramáticos; pasa con una estudiante que inventa un poema y lo publica en sus redes sociales obteniendo cientos de “me gusta”. Pasa cuando decidimos escribirle una carta a alguien porque no encontramos una mejor manera de decirle lo que nos inquieta.

Ese es el poder de la palabra. Ni más ni menos. De la escritura que despierta emociones, que genera algo. ¿Qué nos lleva a leer un libro y no otro en un universo de historias de todo tipo? Puede ser que sigamos al escritor o que nos impacte su portada; sin embargo, si lo pensamos dos veces, lo que ocurre es que una palabra nos llama, unas primeras líneas nos envuelven, una historia nos enamora.

Esa es la magia. Cuando escribimos un algo, en cualquier contexto en el se requiera, realizamos un ejercicio mental; también, se trata de una labor artesanal, de unir letras para construir sentidos. Nos convertimos en niños que juegan a unir la “m” con la “a”. Generalmente, no lo hacemos conscientemente por la rapidez del día, porque hay que redactar el correo electrónico, enviar el chat o estructurar el informe. Y está bien, ahí, aunque no lo creamos, estamos eligiendo las palabras adecuadas para transmitir mejor el mensaje.

Cuando tengamos un poco más de tiempo, es bueno hacer la siguiente prueba: tomar un lápiz o lapicero y una hoja de papel, para dejar los teclados por un momento, y escribir, dejándose llevar por lo que sea que nos envuelve cuando conectamos mente, cuerpo y alma.

Una escritura poderosa nos permite llegar a nosotros mismos y a los otros.  Una escritura poderosa es la que transmite efectivamente un mensaje, que maneja las normas, es cierto; pero es aquella que saborea las palabras, que es capaz de crear imágenes, describiendo tan bien que alguien que no haya estado en ese bosque o en esa playa que alguna vez recorrimos, pueda sentir, a través de nuestro relato, que también caminó por allí.

Menciono en el párrafo anterior el término saborear, porque las palabras tienen matices, texturas, pueden ser dulces o saladas, pueden ser todo y más. Pueden ser lo que queramos. Ellas nos permiten crearnos y recrearnos, a nosotros y al mundo en el que vivimos.

Vuelvo a Svetlana Alexiévich para terminar este artículo. Busco en las notas que tomé de su conferencia: “La verdad no puede caber en un solo corazón, está dispersa en varios corazones y si eso se puede recoger, podríamos entender más la vida y hacer una sinfonía”.

Y nadie queda inmune a esa frase. Ese es su poder.

Paola A. Cardona Tobón.

Próximo Taller Escritura Poderosa Sábado 14 de mayo de 2016, Medellín- Colombia Info: info@jordiduque.com o al móvil 318 311 31 47

Comunicadora social-periodista, de la Universidad Pontificia Bolivariana. Magíster en Creación Literaria, de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona. Quince años de experiencia en periodismo impreso, gracias al desempeño en diversas áreas de la redacción de El Colombiano. Docente de cátedra universitaria.

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